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QOM, UN DESGARRO COMUNITARIO

 

IMG_7606Por Catalina de Elía, periodista

@CatadeElía

El acampe en la ex ESMA   

Cuando uno entra a la ex ESMA el aire se corta. El canto de los pájaros retumba por los pasillos. Y desde el fondo se escucha el grito desesperado de justicia. Es imposible caminar y no sentir el peso de la historia y la lucha por la igualdad, la dignidad y la vida en cada pared, en cada rincón. Afuera, en la calle, por la avenida del Libertador, pasan los colectivos, los autos y los transeúntes. Con la excepción de algunos informados, nadie está al tanto de que en un hall de ese predio el líder Qom Félix Díaz encabeza un nuevo acampe junto a un grupo de 40 representantes de comunidades originarias de distintas provincias y pueblos desde hace una semana.

Detrás de los molinetes espera Relmu, representante de la comunidad Mapuche. “Pasá, te está esperando en su oficina”. En el fondo del salón, junto a la gran zapatilla llena de cargadores y celulares de sus compañeros está sentado, con su mirada  serena y penetrante, el cacique Qom Félix Díaz. “Llegamos hasta aquí para consultarle al secretario de DDHH, Claudio Avruj, sobre el estado de la presentación del acta constitutiva de la Comisión Nacional de Pueblos Indígenas de la cual me designaron a mí como presidente. Dieron muchas vueltas hasta que nos dijeron que nunca existió, nos ofrecieron alternativas que no nos ayudan. Entonces le exigimos que le pida a Garavano, el ministro de justicia, que emita un DNU reconociendo que esta Mesa Nacional de Pueblo Indígena existe”, explicó el líder Qom a este blog. Díaz, además, contó que les ofrecieron cargos públicos y aclaró que no están de acuerdo con esa propuesta: “no venimos a buscar empleo, nosotros queremos el reconocimiento del Estado”.

Félix mantenía su mirada fija en el salón. Tenía un vaso de jugo al lado pero no lo tomó durante toda la entrevista. Se ocupó de aclarar que seguirán allí, acampando, hasta que obtengan una respuesta favorable. Al preguntarle por la reunión que han tenido con el presidente Mauricio Macri el cacique Qom hizo una pausa y le relató detalladamente a este blog: “El gobierno de Macri se comprometió a cambiar la historia. Nos pidió que levantáramos el acampe en la 9 de julio a cambio del diálogo, a cambio de participación indígena dentro de la función pública. Y nos ofreció la conducción del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas. Nos dijeron que podíamos elegir un representante dentro de ese organismo y que iban a asegurar de que tengamos recursos propios para poder financiar las actividades en el territorio. Toda la propuesta era muy buena por lo cual nos motivó a creer que con él todo iba a ser diferente. Nos convocó el día 11 de diciembre del año pasado. Y volvimos a reunirnos el 17 de diciembre con la presencia de varios líderes del país en la Casa Rosada”. Díaz contó también que con el anterior gobierno, en la era de los Kirchner, también tuvieron contactos con diferentes organismos estatales. Con el ministerio del interior, con la secretaría de DDHH, con desarrollo social. “Los contactos fueron muchos. El problema es que el Estado nunca resolvió los problemas que venimos denunciando: la falta de agua, los desalojos, las persecuciones, el hambre, las muertes”, se lamentó.

En ese mismo salón de la ex Esma, liderados por Félix, comparten la protesta otros 40 dirigentes de comunidades originarias de distintos pueblos y provincias. Como Collas de Jujuy, Diaguita de Tucumán, Catamarca y La Rioja, Qom de Formosa, Chaco, Santa Fe y Buenos Aires, Nivaclé de Salta, Wichí de Salta y de Formosa, Pilagá de Formosa, Mapuche de Neuquén y Buenos Aires y Guaraní de Misiones.  La mayoría de ellos duerme sobre aislantes. También en sillas. Todos comen las donaciones que les acercan militantes que pasan por el día a apoyar la causa. “Un sanguchito al mediodía, una empanada a la noche. A veces solo galletitas y mate. No es mucho. Lo que pasa es que no es fácil estar lejos de casa, pero estamos en la lucha, es así”, relató Rolando Flores de la comunidad Diaguita de Andalgalá a este blog.

IMG_7599Rolando se encarga de coordinar la prensa durante este nuevo acampe y contó que el tema que más le preocupa a su comunidad es la salud: “ hace poco se nos murieron dos compañeras por enfermedades que son curables, es inentendible. Macri se había comprometido a resolver esta necesidad lo más pronto posible. Y no tuvimos una respuesta concreta, nos pasaron la pelota hasta abril. Nosotros recorrimos una cantidad enorme de kilómetros costeados de nuestros bolsillos para reunirnos y tratar estos problemas. Entonces volvernos a nuestras provincias sin nada en la mano es desalentador, por eso estamos acá”.

Pablo Pereyra es delegado de la comunidad Qom y es de Bartolomé de las Casas, una localidad ubicada a 140 kilómetros de Formosa capital. Se vino solo a la ciudad y su familia quedó allí. Cuando participó del acampe en la 9 de julio no los vio durante nueve meses y ahora de vuelta se tuvo que separar de ellos. Dice que los extraña mucho.  “Vinimos a entregar la vida acá en esta lucha. Y espero que lleguemos. Yo entregué la vida en esto y si tengo que morir, moriré porque es para defender la vida”. Según Pablo: “las preocupaciones son el desalojo y las usurpaciones. Las empresas están invadiendo los territorios a través de los gasoductos y también mensuraciones de tierras. Pero el problema más urgente es la salud. La gente se está muriendo y lo más triste es que en casi todas las comunidades no hay médicos permanentes, las salitas están vacías”.

Miguel Montes es representante de la comunidad Wichí y vive en Embarcación, Salta. Se vino a Buenos Aires con la misma intención que el resto de los dirigentes de las otras comunidades indígenas: que los escuchen, reconozcan y, sobre todo, que cumplan la promesa que les hicieron. “Nos van sacando y cuando decimos ‘pará Estado, pará provincia, yo vivo aquí’ siempre te responden que hay un papel que dice que el territorio pertenece a tal empresa o a tal familia”. Montes relató que no están luchando solo por el territorio, que para ellos es necesario y elemental, sino también por el medioambiente. Y en este sentido fue lapidario y expresó a este blog: “los pueblos originarios nos bancamos el calor y el frío, pero vemos que los algarrobos ya no dan el mismo fruto ni el mismo gusto, ya no crecen a la orilla del río, nosotros vemos a los animales, vemos todas esas cosas que ya empiezan a faltar y no pueden hablar. Se han sembrado soja y han quedado miles y miles de tierras desiertas por el veneno fuerte, el glifosato, ese agroquímico. Y nos sacan además el agua de los cerros con la minería. No es un capricho nuestro. Se vienen por todo. Entonces yo hablaré por los que no pueden hablar, por los animales y la naturaleza además de por nosotros”.

Todos escucharon el rumor de que los quieren sacar del acampe. Ya están acostumbrados a resistir. Y ninguno quiere volver a su territorio sin una respuesta. De eso están seguros. “No importa el cansancio, no importa si comemos o no comemos porque tenemos una prioridad que es mucho más grande que tiene que ver con que realmente se puedan ejercer y aplicar los derechos que tenemos”, declaró Relmu, representante mapuche, a Voces Excluidas.

Cabe destacar que este blog se comunicó con la secretaría de Derechos Humanos de la Nación y esto declararon al respecto de la cuestión: “nos hemos reunido en reiteradas oportunidades y lo seguiremos haciendo porque hay voluntad de diálogo. Desde diciembre venimos trabajando para fortalecer nuestra relación con los pueblos originarios. Ellos reclaman que Macri firme un DNU institucionalizando a la Mesa de Trabajo y Diálogo Político de los Pueblos Indígenas con presupuesto del Estado. Nos negamos ya que dicha medida implicaría una evidente superposición de funciones con el INAI, además de ir en contra del marco legal vigente que ya ha determinado al Consejo de Coordinación (CC) y al Consejo de Participación Indígena (CPI) como los órganos legítimos y naturales con competencia en el trabajo de los pueblos originarios y el Estado Nacional. No vamos a crear una estructura paralela. Los integrantes de los CPI son elegidos de manera democrática por las comunidades. Se les propuso sumarse a la estructura del INAI, en el Consejo de Coordinación, como integrante.”

A propósito de los Qom

acampe

El problema la cuestión indígena abarca a todos los pueblos originarios, pero que por cuestiones de espacio y de disponibilidad de información escogimos a los Qom para el análisis que sigue a continuación.

En la República Argentina muchas cosas permanecen invisibles. De hecho esa invisibilidad es un poco la musa que inspiró el nacimiento del blog. La cuestión del indigenismo es parte de ése núcleo invisible. No sólo en nuestro país, sino en general en toda América Latina. El levantamiento de Chiapas el 1 de enero de 1994, cuando el mundo conoció al sub comandante Marcos y el lema zapatista de “mandar obedeciendo” o la llegada a la presidencia de Evo Morales en Bolivia el 22 de enero de 2006, tampoco iluminaron totalmente el tema.

En nuestro país, el gran público conoció a los Qom que viven en la “Comunidad La Primavera”, provincia de Formosa, recién en junio de 2010 cuando los medios de comunicación de alcance nacional reflejaron la brutal represión del gobierno del justicialista Gildo Insfrán para desarticular un corte de ruta. Aunque no sea el objetivo central de la nota, es importante recordar brevemente los hechos y algunos datos.

La comunidad Qom es una de las tres etnias que habitan Formosa. Viven en un espacio que desde 1940 es reconocido por el Estado como reserva. Originalmente la superficie era de diez mil hectáreas y hoy se estima que se redujeron a tres mil. Los sucesivos gobiernos provinciales, en particular las gestiones de Gildo Insfrán, desplegaron diversas estrategias para apropiarse de esos terrenos. Cooptación, sobornos, indiferencia, miedo y violencia fueron medios que individual o alternativamente se usaron. Dentro de esos objetivos, en el año 2007 el gobierno de la provincia destinó 600 hectáreas de esas tierras para construir un edificio para la Universidad Nacional de Formosa.

Los Qom reaccionaron y cortaron la Ruta Nacional n° 86 en el departamento Pilcomayo. Intentaban hacer visible la expropiación de esa parcela. La salvaje represión del 23 de noviembre de 2010 incluyó la quema de casas, el asesinato de Roberto López y Sixto Gómez, vejaciones de distinta intensidad, la destrucción de títulos de propiedad y el invento de causas judiciales.

La reacción no se hizo esperar. Y así fue como, colectivamente, los Qom decidieron desplazar la protesta hacia la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Acamparon en la Avenida 9 de Julio, más precisamente al lado del obelisco, y desplegaron una amplia gama de acciones para visibilizar su protesta. Charlas, huelgas de hambre, conferencias de prensa, etc.

En mayo de 2011 los gobiernos federales y provinciales se sentaron a una mesa de diálogo y el acampe se levantó, pero el problema permaneció inconcluso. A punto tal que el acampe se renovó porque los Qom reclamaban una reunión con la presidente Cristina Fernández de Kirchner que nunca tuvo lugar.

De todas formas, algunas cosas cambiaron. El cacique Felix Díaz fue elegido “qarashe” por sus pares. Hasta ese momento, el aparato del gobierno provincial intervenía en la elección del referente comunitario. Además, en junio de 2013 Díaz fue recibido por el Papa Francisco. También en el campo internacional, con el apoyo del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), se expuso el caso ante la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Díaz visitó Chiapas, México. Sin embargo, hacia el interior de la Argentina el caso permanecía en una zona gris: los actores institucionales no paraban de elogiar la lucha Qom, pero esos elogios no se traducían en hechos.

Es más, Feliz Diáz llegó a exponer su caso en una Audiencia Pública ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La procuradora fiscal ante la corte, Irma García Netto, dictaminó a favor de los Qom en el marco de un amparo colectivo presentado por la comunidad destinado a obtener la posesión de tierras tradicionales contra la provincia de Formosa, el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), la Administración de Parques Nacionales (APN) y la Universidad Nacional de Formosa. La fiscal requirió a la Corte que solucione el conflicto en el que la Nación y la Provincia no cooperaban. Dijo, además, que según la Constitución correspondía al Congreso reconocer “la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano”. La Corte no se pronunció.

Cuando terminaba el año 2015, el candidato a la presidencia Mauricio Macri visitó a los Qom y les prometió que si accedía a la primera magistratura se haría cargo del tema. Tras ganar las elecciones se reunió nuevamente con ellos. No obstante, tampoco pasó del plano de las palabras. Por eso, el 15 de marzo de 2016 los Qom, con Félix Díaz a la cabeza, junto a 40 integrantes de la Mesa de Diálogo de los Pueblos Indígenas, acamparon dentro del predio de la ex Esma reclamando, una vez más, una solución que no llega.

Lo que hemos hecho de los Qom

felix

¿Qué hemos hecho de los Qom? Ese interrogante recorre el sentido de la nota. Los Qom permanecen bajo una situación de exterminio latente que se remonta a la colonización europea de estas tierras. Es difícil detenerse en este aspecto. Tan solo señalar que el centro de Europa, a través del monopolio de la palabra y de la fuerza de la espada, arrasó a los pueblos originarios del “nuevo continente” desde 1492. Mató, asimiló, aisló y cosificó a las etnias originarias. En 2016, los Qom aún son percibidos como “barbaros”, como el “otro” que no es parte de “la nación”, ese arco de solidaridades compartidas que es el recurso para aglutinar a una comunidad política a un “nosotros” y que hoy, con una intensidad cada vez más alarmante, está jaqueado en la Argentina por la fragmentación de una sociedad cada vez más desigual.

Ellos permanecen envueltos en combinación perversa, compuesta de indiferencia pública y violencia estatal. Perseguidos en Formosa, cosificados en Buenos Aires, transformados en una herramienta que utilizan los actores institucionales para mostrarse políticamente correctos, o en una herramienta que utilizan los conglomerados mediáticos para mostrar la incorrección política del ocasional oficialismo. Presos de esa tensión, abandonados a su suerte e ignorados por “la Nación”, sobreviven los Qom entre la escena porteña que los utiliza en busca de rating y el territorio formoseño en disputa con el Estado.

El mismo Estado que los reconoce en su Constitución y los empuja con sus policías a un abismo. Policías que trabajan con el consenso silencioso pero explícito de una concertación que agrupa a la dirigencia política –más allá de los colores partidarios- y los conglomerados empresarios.

La forma en que tratamos a los Qom nos describe como sociedad. El existencialista Jean Paul Sartre siempre sostuvo que el infierno son los otros y este caso bien lo demuestra. En 1961, el filósofo escribió además el prefacio al libro “Los condenados de la tierra” de  Frantz Fanon. Es un texto potente y múltiple. Y de allí es muy interesante rescatar una de las denuncias que hace sobre el fracaso del humanismo europeo que disolvió al hombre mismo, inmortalizada en una dura sentencia: “Basta que nos muestren lo que hemos hecho de ellas [las víctimas] para que conozcamos lo que hemos hecho de nosotros mismos” .

Un ejercicio de introspección similar podemos hacer con los Qom: el colonizador los intentó aniquilar, luego la “Nación argentina” tomó un atajo y buscó la asimilación; más tarde los recluyó en una “reserva”. Pero la voracidad del Estado provincial no lo toleró y poco a poco fue tomando parte de esa “reserva”. Para ello se sirvió de la penetración material del dinero y de las armas del Estado.

Cuando la comunidad “La Primavera” quiso rebelarse contra esa arbitrariedad, los reprimió con sus armas y a la luz pública. Los Qom llevaron la protesta a la Capital Federal. Allí fueron utilizados como un elemento de marketing político que alternaba la visibilidad mediática embebida de promesas y la cruda indiferencia real. Lo que hemos hecho con los Qom nos tiene que servir para develar en lo que nos hemos convertido: en una sociedad formada por seres que viven juntos y se perciben como amenazados unos por otros, envueltos en un egoísmo y una indiferencia que ya no sólo nos impide ver al otro, sino a nosotros mismos.

La propia arquitectura de nuestra sociedad nos describe, en la medida que toleramos el lujo de Puerto Madero separado de escasos metros de la villa Rodrigo Bueno o toleramos esa suerte de prisiones vip, llamadas “barrios cerrados”, rodeados de asentamientos de emergencia que, irónicamente, son la fuente de mano de obra que pone en movimiento esas cárceles consentidas por sus internos.

La cosificación por siglos de los Qom, maquillada con una retórica de “reconocimiento de los pueblos originarios” que no es más que una estrategia de marketing para velar la brutal represión e indiferencia estatal, sólo puede ser posible en el marco de un profundo proceso de deshumanización de nosotros mismos.

En la antigua Grecia, Aidos representaba la diosa de la vergüenza y la dignidad humana. Aidos generaba emociones que tocaban las vísceras más sensibles frente a la disolución del otro. Precisamente por ello, Marx resaltaba que sentir vergüenza de una situación histórica era fuente de sentimientos revolucionarios. En nuestro país, sin embargo, la tragedia de los Qom es invisible. La reacción social general, se limita a un lamento testimonial en la sociedad civil y a una reivindicación sin contenido de las elites políticas y empresariales. En otras palabras, la tragedia de los Qom ni siquiera genera vergüenza.

Sartre escribió el prólogo del libro de Fanon con la mirada en el proceso de descolonización de Argelia. Pero la potencia de sus palabras va más allá de la tensión franco – argelina. Por eso, es interesante cerrar esta nota con un fragmento que habla por sí mismo y que, como todo texto, se reescribe a través de la lectura que de él hace cada uno de nosotros. Decía Sartre: “Ustedes saben bien que somos explotadores. Saben que nos apoderamos del oro y los metales y el petróleo de los “continentes nuevos” para traerlos a las viejas metrópolis. Compréndanlo de una vez: si la violencia acaba de empezar, si la explotación y la opresión no han existido jamás sobre la Tierra, quizá la pregonada “no violencia” podría poner fin a la querella. Pero si el régimen todo y hasta sus ideas sobre la no violencia están condicionados por una opresión milenaria, su pasividad no sirve sino para alinearlos del lado de los opresores.”

Sigue: “Mientras existió la condición de indígena, la impostura no se descubrió; se encontraba en el género humano una abstracta formulación de universalidad que servía para encubrir prácticas más realistas: había, del otro lado del mar, una raza de subhombres que, gracias a nosotros, en mil años quizá, alcanzarían nuestra condición. En resumen, se confundía el género con la élite. Actualmente el indígena revela su verdad; de un golpe, nuestro club tan cerrado revela su debilidad: no era ni más ni menos que una minoría. Lo que es peor: puesto que los otros se hacen hombres en contra nuestra, se demuestra que somos los enemigos del género humano; la élite descubre su verdadera naturaleza: la de una pandilla. Nuestros caros valores pierden sus alas; si los contemplamos de cerca, no encontraremos uno solo que no esté manchado de sangre”.

El caso de los Qom revela cómo la sociedad argentina desafía una vieja advertencia de la filosofía política clásica, que Sartre señaló con envidiable nitidez: mientras cada uno de nosotros permanece en la esfera de los asuntos privados, los públicos quedan en mano de  pandillas.

Prender una luz…

Félix Díaz quiso cerrar su entrevista con un mensaje especial para los lectores de Voces Excluidas: “La sociedad tiene que defender su origen. Nosotros somos un pueblo que ha sobrevivido en momentos difíciles y creo que la ciudadanía también está preparada para demostrar que son capaces de reconstruir una sociedad más humana, más justa y que defienda y proteja los derechos de los demás pueblos”.

Si la indiferencia viene de los políticos de turno.  Si la oposición y los grandes medios de prensa usan el tema solo por rating, marketing o conveniencia política, entonces solo nos queda salir de esa esfera privada que describe Sartre. Debemos dejar de transformar en un infierno la vida del otro para empezar a ser su salvación, o al menos, encender una vela de esperanza y solidaridad. Después de todo, el infierno son los otros, alude al efecto que tiene en cada uno de nosotros el reconocimiento del otro. El reconocimiento, precisamente, es el puente hacia esa reconstrucción que propone Félix Díaz.

 

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2 Comments

  1. nora salas says

    Necesitamos, es imprescindible que nos pongamos ya a construir ese mundo donde quepan todos los otros mundos que luchan y resisten y mueren por acceder a un vaso de agua. La tragedia de los Qoms, nunca mejor aludida….. lo que le sucede a los Pueblos Originarios es un escándalo moral del que no saldremos airosos!

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  2. Sebastián says

    Pasan los años y quedan las mañas.
    Tengo un pasado en mi familia y es el del genocidio armenio. Es evidente que la eliminación de los pueblos originarios es tan cruel como real. Sin apelar a argumentos conspirativos, debo decir que la problemática de los pueblos originarios viene de hace tantos años sin resolverse y no por cuestiones burocráticas justamente, sino, ideológicas.
    Estamos hablando de muertes sin razón, donde el Estado no está presente adrede con el fin último de dejarlos morir. No hay otra explicación.
    Sólo se los expulsa a las grandes ciudades para hacerles perder la identidad indígena. Es realmente vergonzoso. Ojalá algún día realmente se tome consciencia de lo que se está generando. Sólo espero que reaccionemos antes de que la comunidad Qom pase a la historia como el pueblo masacrado por un Estado criminal.

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