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Ezequiel y la fábrica social de pobres

Por Catalina de Elía, periodista y politóloga

@CatadeEliabansky

Ezequiel es un hijo de una sociedad que  fabrica pobreza. Tiene 19 años.  Apenas  pasó por el colegio primario. Le cuesta hablar. Cuando tenía siete su mamá murió. Se llevaba mal con su papá y se fue de su casa.  Pasó por varios institutos de menores.  Pero se fue de allí. Y empezó a deambular en la calle. Irónicamente era menos rudo que los espacios estatales para proteger a los jóvenes. Se mueve por la zona de Constitución. Pero su termómetro es la seguridad. Tan dura es la calle que se desplaza por la ciudad para evitar agresiones. Una asistente social le preguntó si consumía drogas, le dijo que no. Que pelea para no consumir. La asistente se lo preguntó porque vio sus ojos  rojizos. Pero él se lo aclaró. Le contó que no puede dormir, porque teme las agresiones de la calle. La charla se dio porque un juez lo pidió.

Es que Ezequiel fue detenido el 21 de abril en la Estación Retiro. La policía lo encontró robando dos pedazos de madera de 1,5 metros cada uno. Eran de una empresa que esta refaccionado el edificio. Cuando estaba tomando los tablones la policía lo agarró. El juez lo liberó. Seguramente la causa no va a prosperar. ¿Pero el juez lo liberó? Es verdad que no fue a la cárcel. Pero su cárcel es la calle. Ezequiel tiene problemas para comunicarse, carece de estudios, no tiene lazos sociales afectivos. Está solo en la calle. Qué alternativa tiene. Este es el drama de una fábrica social de pobres.

Es inevitable relacionar esta historia con los hechos que situó Victor Hugo en la Francia de 1815. Ese maravilloso texto se llama “Los Miserables” Victor Hugo describió crudamente una sociedad que fabricaba pobres, pero tendió un puente de esperanza a través del perdón. El perdón entendido como una mano hacia el otro y hacia nosotros mismos. El perdón ocupa un sitio fenomenal en la filosofía política.  Hannah Arendt le otorgó una potencia enorme para fundar comunidades políticas, fundamentalmente porque ese el único camino que tenemos para enmendar nuestros errores.  Las promesas hacen el resto, porque también es lo más certero que podemos hacer los humanos, prometer. Ezequiel es una persona a la que deberíamos pedirle perdón y prometernos que ningún humano puede vivir así en sociedad. Pero también es un concepto, que nos tiene que invitar a pensar cómo hemos llegado a instituir una fábrica social de pobreza.

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