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Denuncian persecución ideológica en la Universidad de Palermo

 Un resabio del pasado aparentemente ocurrió en la Facultad de Derecho de la UP (Universidad de Palermo). El docente Federico Delgado renunció alegando persecución ideológica. En su texto de renuncia deja entrever dos variantes: que la persecución obedece al tipo de textos críticos con que trabaja o a alguna circunstancia vinculada con su trabajo, es fiscal federal. Dada la gravedad de los hechos en el blog VOCES EXCLUIDAS decidimos compartir la carta de su renuncia.

federico_delgado

Buenos Aires   de junio de 2016

Señor Decano de la Facultad de Derecho

Universidad de Palermo

doctor Roberto Saba

S                 /                D

Tengo el agrado de dirigirme a Usted como docente de la facultad. Como sabe tengo dos materias obligatorias a cargo, Sistemas Jurídicos Comparados y Filosofía del Derecho. El próximo cuatrimestre comenzaba otra, “El derecho penal y sus implicancias en materia de deuda externa” Oficialmente el lunes 13 me informaron desde la facultad que por “razones presupuestarias” el curso no sería ofertado. Sin embargo, varias personas de la comunidad académica -cuyos nombres obviamente me reservo-, me explicaron que la “razón presupuestaria” era una excusa que velaba otra más fuerte, pero más difícil de explicar. Esas personas me explicaron que la universidad no me quería en su plantel docente por mi perfil ideológico y que esta contingencia era el primer estímulo para que deje los otros cursos. Lamentablemente no quisieron, ni supieron o no quisieron narrarme con precisión el “problema ideológico” Pero los relatos y otras cuestiones concomitantes, que también me reservo para no involucrar a gente que teme consecuencias, me animaron a tomar esta decisión porque, más allá de lo que se diga oficialmente, esto es cierto y yo no miento.

Nunca fui a la Universidad de Palermo a buscar afecto. Fui a trabajar y lo hice muy bien. Mi termómetro son los ex alumnos, el personal de la casa y algunos docentes. Nunca recibí una directiva o una señal sobre mi forma de dar clases. Pero no voy a tolerar la persecución ideológica en un aula. El aula es sagrada. Allí se hace y re hace una pequeña comunidad cuyos ciudadanos son los alumnos y el docente. Sólo hay espacio para la libertad y cuando la libertad se ve amenazada no se puede enseñar. Menos cuando desde la administración de la universidad comienzan a desplegarse mecanismos sutiles para empujar a los docentes hacia otros horizontes. Recién ahora entiendo pequeños hechos que tomé como desajustes, pero que ahora comprendo en toda su dimensión. Quienes no pensamos mal de los demás, a veces atribuimos al azar hechos guiados por objetivos innobles.

Es verdad que mi selección de materiales de estudio no es la “típica” de las facultades de derecho. Trato de incentivar el pensamiento de los alumnos y no la repetición acrítica de leyes que están escritas, tal como me enseñaron mis maestros de la Universidad de Buenos Aires, tanto en la Facultad de Derecho como en la de Ciencias Sociales. Si la falta que cometí y nadie me explicó concretamente es esa, la cometí. Prefiero abogados que se parezcan al tábano socrático. Si, en cambio, mi falta se vincula con otros aspectos como mi forma de vestir, mi escasa participación en la vida social de la universidad o con la trascendencia pública de alguna intervención derivada de mi trabajo en el sistema judicial de la República Argentina, que puede caer más o menos simpático en términos extra laborales, lo lamento. Trato de trabajar con la definición republicana de la libertad, que la entiende como no reconocer otro señorío que el de la conciencia.

Renunció a partir del 30 de junio, Señor decano, porque mi perfil ideológico, que es simplemente una más de las tantas formas de ver el mundo que hay en la tierra, no es el resultado de los vientos ocasionales de la historia, no es caprichoso y no está ligado a la búsqueda de afecto o beneficios sociales y/o económicos. Es el resultado del proceso de formación de mi identidad, elaborada todos los días con las mismas herramientas: honestidad, pasión y disciplina. Lo hago atravesado, además, por esa sentencia de Antonio Gramsci: el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad.

Saludo a Usted atentamente.

 

 

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