Sin categoría
Dejar un comentario

AMIA, Ciccone y la fábrica del olvido

Por Catalina de Elía y Federico Delgado. Politólogos. Autores de “La cara injusta de la justicia”, Paidos.

Una víctima ojerosa fumaba un cigarrillo en un cuarto intermedio, en la escalera lateral de los tribunales de Comodoro Py que da a la estación Retiro. Sus ojos cansados reflejaban un sentimiento difícil de describir con palabras. Es que espera desde el 18 de julio de 1994 saber quiénes y cómo volaron la AMIA. Los periodistas estaban allí sólo porque Cristina Kirchner había ido a declarar como testigo. A algunos les costaba recordar de qué se trataba, igual que a los dirigentes que acompañaban a la ex presidenta. También pasaron ex funcionarios kirchneristas que comenzaban a ser investigados por la justicia. Circulaban los jueces y fiscales de siempre.

Por esa misma escalera pasó el ex vicepresidente Amado Boudou muchas veces; sobre todo por el caso Ciccone. Desde el año 2012 Boudou está sometido a una investigación que en agosto de 2016 inició el camino hacia un juicio oral, cuya fecha aún no se conoce. Se lo acusa por irregularidades en la compra de la imprenta “Ciccone Calcográfica”, la máquina de imprimir billetes.

Decíamos que el caso “Ciccone” llegó a la justicia en el año 2012. Generó mucho debate porque involucró al ex vicepresidente en un caso de corrupción ocurrido en el ejercicio de ese rol institucional. Sin embargo, ya pasaron cinco años y todavía no se lo enjuició. El temor que genera esa dinámica es que la fábrica del olvido haga su trabajo en favor de la impunidad. Es cierto que la responsabilidad para evitar ese riesgo tiene que ver con el sistema judicial y sus incentivos para trabajar. Pero también que la construcción de la justicia es colectiva.

La escalera es un testigo de la calesita judicial. El tiempo pasa y todo sigue igual. Se acumulan papeles y los casos no se resuelven. Para las víctimas es el camino de la lucha, del dolor y audiencias interminables que reviven el sufrimiento y de las que sale poca verdad. Se trata de una ficción que poco tiene que ver con la justicia y que mucho se vincula con la fabricación del olvido. La administración de los tiempos judiciales no es inocente, porque justamente funciona como fuente de olvido.

Ese olvido no sólo se construye en los tribunales. La indiferencia de la sociedad civil y de los medios tiene su espacio. Las prácticas de los actores de esos expedientes, que no siempre son leales con la letra de la ley, también ayudan a construir colectivamente una justicia injusta, envuelta en el olvido. Lo único que permanece vivo es el dolor de las víctimas. Ese paso del tiempo, que no está sujeto a mecanismos de control, es además el elemento que disuelve el sentido de la palabra judicial que llega tarde y mal. Aquí es donde se produce el hiato que separa a la ley de la justicia.

Nada se puede construir a partir del olvido. Y cualquiera que se pare en la escalera lateral que da a Retiro en Comodoro Py va poder ver con sus propios ojos la calesita judicial, el dolor en los ojos de las víctimas que no saben si algún día se va a saciar la sed de justicia, la indiferencia de la sociedad civil, los estragos del paso del tiempo. Mientras tanto reina la impunidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s