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El eterno embudo judicial de los jubilados

Por Catalina de Elía, periodista y politóloga y Federico Delgado, fiscal y politólogo

En Marcelo T de Alvear 1840 funcionan los únicos tribunales de primera instancia que se ocupan de los temas de los jubilados. Es un viejo edificio antiguo. La fachada está gris y despintada. Circula mucha gente en su interior. Hay expedientes apilados y atados en paquetes con sogas por los pasillos y por cualquier rincón que esté desocupado. Eso es lo que más nos llamó la atención cuando visitamos el lugar. Los documentos están en el piso. Quizás porque expresan cómo el drama del jubilado se convierte en una carpeta que queda ahí tirada. El edificio está habitado por el silencio que es interrumpido por las preguntas de los abogados a los empleados de los juzgados. Recorrer esos pasillos en cierta forma nos lleva al embudo que revela por qué tardan tanto tiempo los juicios de nuestros jubilados.
El 6 de mayo de 2014 la propia Corte Suprema se refirió al “embudo” cuando habló en el caso “Pedraza” de “una situación de colapso” en la justicia y señaló que había una “clara afectación a la tutela efectiva de los jubilados y pensionados”. Lo repitió el 7 de junio de 2016 en el caso “Constantino” que “a dos años de la sentencia en la causa Pedraza, es evidente que el colapso de la Cámara Federal de la Seguridad Social continúa” y entre las causas de este identificó la política de la Anses de apelar todo. Pero la verdadera trampa de por qué la justicia es tan injusta con los jubilados yace en el “embudo” institucional que el propio Estado diseñó para que la justicia sea particularmente lenta en estos casos. Veamos.
Cuando un jubilado pide su jubilación, la Anses suele calcularla mal. Por eso recurre a un juez para que la corrija. Si el juez lo hace, apela la Anses. Esto pasa en todo el país. Sin embargo, a pesar del incalculable caudal de demandas de abuelas y abuelos todas convergen en un solo tribunal: la Cámara Federal de la Seguridad Social. Y ahí es donde se genera la saturación de expedientes que forman el embudo, la lentitud y finalmente la injusticia. Es lo que señala la Corte Suprema y por lo que pidió la creación de más tribunales y el acatamiento de sus decisiones.
La pila de expedientes que están en el piso de los tribunales de Marcelo T de Alvear son casos de abuelos que están sin cobrar o cobrando mal. Los volvemos a mirar ahí tirados y solo podemos concluir que son una obra del propio Estado que decidió prolongar lo más que puede resolver su demanda. Que es su trabajo.

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